Chile 1945: La primera Copa América de Colombia


Colombia asistiría a su primera Copa América o Campeonato Sudamericano, como se le conocía por ese momento, en 1945. El certamen se realizaría en Chile por cuarta vez y los cafeteros reemplazarían a una tradicional invitada como Perú que, por diferencias con la Conmebol, declinaba la invitación a hacer parte.

Siete fueron las selecciones participantes: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Bolivia y Ecuador. Se jugaría a una ronda, todos contra todos y el cuadro con más puntos sería el campeón de la edición número 18 del torneo.

La fecha de inauguración del campeonato estaba fijada para el 14 de enero de 1945 pero para Colombia había iniciado mucho antes. Una larga travesía de 25 días por carreteras, trenes y finalmente en barco, habían hecho falta para llegar a Valparaíso y desplazarse hasta Santiago justo a tiempo para la inauguración.

Ya instalados y con algunos días de descanso, harían su debut frente a uno de los claros favoritos, Brasil, que estaba en la búsqueda de su tercer titulo y no perder la estela de Argentina y Uruguay en número de campeonatos.

Aquel 21 de enero de 1945, el marcador no favorecería mucho a los colombianos que la los 38 minutos de partido ya habían encajado tres goles. Ese día la nómina titular estaba conformada por: Andrés Acosta, Lucas Martínez, Gabriel Mejía, Juan Quintero, Isidro Joliani, Antonio Julio de la Hoz, Lancaster de León, Roberto Gamez, Luis González, Fulgencio Berdugo (capitán) y Arturo Mendoza. El marcador no se movería más.

Uruguay no tendría piedad en la segunda salida del equipo nacional y con la intensión de no dejar escapar ninguna opción de revalidar su campeonato conseguido en 1942, le endosó un humillante 7-0.

El equipo dirigido por Roberto Meléndez tendría que esperar hasta la quinta fecha para alcanzar su primera victoria con un contundente 3-1 ante Ecuador. Previamente las derrotas ante Chile por 2-0 y Argentina 9-1 habían minado la moral.

Lo único rescatable de aquellas presentaciones fue el primer gol colombiano en la historia de la competición anotado por Arturo ‘guarapo’ Mendoza a los 52 minutos contra los gauchos.

Colombia finalizó el campeonato en la quinta posición después de empatar 3-3 contra Bolivia y se hizo acreedor a la Copa Mariscal Sucre otorgada al conjunto que obtuviera mejor puntaje entre Colombia, Bolivia y Ecuador.

Argentina fue el campeón invicto con cinco victorias, un empate y once puntos, uno más que Brasil al que venció 3-1 a dos fechas del final del campeonato.

Empezaba un camino que hasta el 2001 entregaría a la selección nacional su primer y único titulo hasta el momento.

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William McGregor: el costurero que se inventó la Liga Inglesa


La Liga inglesa nació entre hilos, botones y máquinas de coser. Sí, es verdad, es así como lo lees. William McGregor, un comerciante escocés llegó a Birmingham con sus maletas llenas de sueños siguiendo los pasos de su hermano Peter quien había arribado a la ciudad inglesa pocos años antes para establecerse como comerciante vendiendo toda clase de suministros de costura.

Cada tanto, durante el día, su mente era ocupada completamente por el fútbol. Estaba tan entusiasmado por el juego que los sábados, uno de los días de mayor circulación en su negocio, cerraba la tienda temprano para poder ver los partidos del modesto Calthorpe, un equipo local fundado por uno de sus amigos escoceses.

Motivado por su pasión decidió vender toda clase de equipaciones futboleras en el costurero lo cual le permitió conocer muchas personas y convirtió su local en un punto de referencia para todos los aficionados. Fue en una de aquellas interminables tertulias donde descubrió una de sus grandes pasiones, el club de fútbol Aston Villa.

Para esa época el Aston Villa era un pequeño club fundado en 1874 por cuatro chicos, Jack Hughes, Frederick Matthews, Walter Precio y William Scattergood quienes asistían regularmente a la capilla de Cruz Villa en Handsworth, y pensaron que sería una buena idea invitar a McGregor a integrar el comité directivo. En poco tiempo, McGregor administraría el club y con su gran creatividad crearía su escudo dominado por un león, inspirado en el estandarte real de su Escocia natal. Empezaba una larga historia que engrandecería aquel equipo de las Midlands y nos regalaría una de las ligas más importantes en la actualidad.

La organización del fútbol en esa época, mediados de los 80, era un caos total, es más me atrevería a decir que no existía, pese a que la Football Association (FA) llevaba algunas décadas existiendo, más concretamente desde 1863. Los equipos no cumplían sus compromisos, llegaban con menos jugadores, con calzado de calle y no existía un calendario serio de partidos. Se abría un importante debate en el naciente fútbol inglés entorno a la profesionalización del juego.

Aburrido de aquella impuntualidad e improvisación McGregor decidió actuar. Escribió una carta a sus colegas del Preston North End, Blackburn Rovers, Bolton Wanderers y el West Bromwich Albion con lo siguiente:

 - “Les propongo que 10 o 12 equipos de los mejores de Inglaterra se organicen para jugar partidos entre ellos en casa y fuera cada temporada...”

Aprovechando la final de la FA Cup de 1888 (este torneo ya se venía disputando desde 1872) en Londres, los presidentes de los principales equipos del país se reunirían para darle más forma a aquella idea. Entre café y tabacos pues McGregor no tomaba alcohol, llegó la inspiración divina y se decidió llamar a la competición ‘Liga inglesa’, solo podría ser disputada por un equipo de cada ciudad y se crearía un calendario de partidos, cada victoria otorgaría dos puntos y el empate solo uno. Una decisión trascendental que convertiría nuestro deporte favorito de ser un simple pasatiempo a un ámbito más profesional. La primera temporada se jugaría entre 1888 y 1889.

Ese fue el puntapié inicial de lo que hoy se conoce como el formato de liga, se fundaría la Football League que hasta la llegada de la Premier League en 1992 (esa es otra parte de la historia más adelante), sería la principal competición de las islas británicas.

Años después, aquel costurero escocés sería honrado por la FA por sus servicios al deporte así como por su club, el Aston Villa, al que estuvo vinculado por más de 20 años. Es considerado uno de los hombres que más influyó en el juego cambiándolo para siempre pasando de ser un pasatiempo informal a una industria tal y como la conocemos a día de hoy. Desde 2008, en la entrada principal del estadio de Villa Park, se encuentra su estatua en bronce en homenaje al ‘padre’ las competiciones ligueras.

El primer reglamento del fútbol

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La fiebre del fútbol recorría rápidamente las calles de las principales ciudades del Reino Unido en 1863. Los principales focos de la epidemia que crecía cada día más, eran los campus universitarios donde miles de estudiantes se reunían para jugar con el único fin de divertirse y sin leyes en común que unificaran la práctica del naciente deporte.

Por fortuna Ebenezer Cobb Morley, un apasionado del deporte y las actividades atléticas, tomó como suya, una responsabilidad que cambiaría la historia del fútbol. El asiduo asistente y organizador de las reuniones en la taberna Freemasons Arms de Londres, decidió redactar una serie de reglas para proponer a todos sus acompañantes en aquellas tertulias, donde la principal regla era desterrar el uso de las manos, así como evitar agarrones entre jugadores.

El balón debía ser transportado únicamente con los pies y nadie podría detener el juego con las manos, no existía la figura del portero. En total escribió trece reglas y se dispuso a presentarlas en la reunión citada para el 8 de diciembre.

Varias discusiones se llevaron a cabo aquel día. Los inconformes con la limitación del uso de las manos y el contacto físico se marcharon para, pocos años más tarde, fundar la Rugby Union. Después de algunas modificaciones consensuadas por los restantes participantes, se creó el primer reglamento del fútbol del cual se tenga noticia.

Cobb Morley empezó a ser conocido desde aquella jornada como el ‘padre del fútbol’ y continúo realizando esfuerzos para formalizar la práctica del popular deporte. El grupo de precursores constituyó la Football Association y llevaron una imprenta las recién establecidas reglas para ser impresas en un cuadernillo que sería distribuido por toda Inglaterra.

John Lillywhite, impresor en Euston Square de Londres, decidió comprar los derechos del reglamento y editarlo en dos versiones, una de bolsillo y la otra un poco más elaborada, pero con la información necesaria para echar a rodar el balón oficialmente.

El primer partido bajo la jurisdicción del nuevo reglamento se jugaría el 19 de diciembre entre el equipo de Cobb Morley, el Barnes, distrito en el cual vivía al suroeste de Londres, y el Richmond, nombrado así en honor al municipio que lo contenía. El resultado fue un pálido 0-0 que decepcionó a algunos de los asistentes, pero no apaciguaron el ímpetu de aquel hombre de popularizar esta práctica. Fue el primer secretario de F.A y segundo presidente de la misma.   

Así nació el histórico saludo de Independiente de Avellaneda



Los jugadores del Club Atlético Independiente de Avellaneda entran al campo y se forman en una fila, el capitán de turno da un paso adelante y levanta las manos, lo siguen sus compañeros y con mística y compromiso saludan los cuatro costados del estadio Libertadores de América. La gente responde al unísono y disfruta del inicio de otra fecha en la cual el popular equipo de Avellaneda luchará por conseguir los anhelados tres puntos que lo pueden acercar a un título. Pero, ¿de dónde viene este espiritual saludo que por muchas décadas fue signo de identidad de uno de los clubes más grandes de la Argentina? 

La identidad de un club de fútbol está determinada por construcciones sociales a lo largo del tiempo que lo diferencian de los demás, ¿quién se imagina una salida del Liverpool a la cancha de Anfield Road sin el tradicional ‘You’ll never walk alone’ o el West Ham United saltando al terreno de juego sin las tradicionales burbujas de jabón surcando la boca del túnel? 

Hace cuatro décadas era imposible pensar en Independiente de Avellaneda sin el saludo arriba descrito que marcó la época más gloriosa del club a nivel nacional e internacional. En la década de los 60, Independiente atravesaba por una época plagada de duras críticas por parte de la hinchada y las despiadadas editoriales de los medios de comunicación cuando Jorge ‘Chivita’ Maldonado, capitán del equipo campeón en la temporada 1960, se le ocurrió después de salir a la cancha dar un paso adelante y mostrarle a todo el estadio sus manos limpias en señal de protesta. Era una consigna en la cual quería demostrar que tanto él como sus compañeros no tenían nada que esconder.
  
Este gesto de protesta se convirtió en el santo y seña de un equipo que ganó todo lo posible y se denominó ‘Rey de Copas’ de América, título que aun ostenta al ser el conjunto con mayor número de campeonatos en Copa Libertadores con siete conquistas, así como dos intercontinentales y dieciséis de Primera División, solo para nombrar los más importantes.

Cada fecha, grandes jugadores como Ricardo Pavoni, Raúl Emilio Bernao, Pepe Santoro, Raúl Armando Savoy y Roberto Ferreiro, entre muchos otros, saludaban a su hinchada delirante en las tribunas hasta que poco a poco esta tradición fue desapareciendo con las nuevas generaciones.

Fue precisamente el fallecimiento del último de esta lista, ‘Pipo’ Ferreiro, el acontecimiento que devolvió esta tradición a las primeras planas cuando un 23 de abril de 2017, tres días después del deceso, Nicolas Tagliafico, con la cinta de capitán en su brazo y enfundado en la camisa numero 4, dio dos pasos adelante y respaldado por su equipo saludó al público emulando el histórico saludo y rindiendo un sentido homenaje a aquel que, como él, fue lateral del ‘rojo de Avellaneda’.

Seguramente Ariel Holan, técnico del equipo y fanático desde la cuna tuvo mucho que ver con este rescate de la tradición que afortunadamente siguen aplicando partido a partido incluso desafiando a la Conmebol que lo prohibió para la final de Recopa Sudamericana contra Gremio de Porto Alegre a principios del 2018.

El sorprendente campeonato del Ipswich Town


En Ipswich hay una pequeña calle con nombre glorioso, queda muy cerca del estadio de Portman Road y en una de sus esquinas hay una estatua de bronce que mira impávida el trasegar del equipo de la ciudad por distintas categorías del fútbol inglés.
Aquel homenaje es para el mismo hombre que da su nombre a la calle, un hombre que como jugador acaparó pocos titulares pero que como entrenador llevó al modesto Ipswich Town y la selección nacional a disfrutar de la gloria, Alf Ramsey.
En el verano de 1955 Ipswich Town llevaba 65 temporadas jugando en los torneos de la Football Association, nunca había jugado en primera división y lejos se veía la posibilidad de cumplir un destacado papel en la tercera que era su lugar natural los últimos años. Ramsey de 35 años, joven para la vida pero viejo para ser futbolista profesional, acababa de colgar los guayos en el Tottenham Hotspurs y se ponía el buzo de entrenador para dirigir a los ‘tractor boys’, como cariñosamente se llamaba al equipo en su natal ciudad.
Pronto se vio un salto de calidad en la escuadra que en su primera temporada al mando anotó, una para nada despreciable suma de 106 goles en 46 encuentros, válidos por el campeonato. Se veía claramente su mano en el equipo que empezó a ganar importantes partidos a pesar de tener una nómina más bien discreta de jugadores. El cambio empezó por el orden táctico. Ramsey, un estudioso del juego, analizó la función de los extremos que en aquella época cumplían una función exclusivamente al ataque y decidió retrasarlos unos metros más al medio del campo, e incorporar funciones defensivas en su perfil convirtiéndolos en interiores. Así los laterales de los equipos rivales al avanzar sobre la banda dejaban su espalda descubierta y voluble al contra ataque.
La temporada siguiente toda esta revolución táctica traída por él al equipo daría sus frutos, Ipswich Town conseguía el primer título de su historia al ganar la tercera división adjudicándose así el ascenso a un escalón más alto en el fútbol de las islas.
Pero lejos de estar conforme, aquel equipo se fijaba la meta de realizar el asalto por un cupo a primera división donde los equipos más encopetados del país jugaban. Es así como en la liga de 1960-61, tres temporadas más tarde, logra su propósito y con el campeonato de segunda debajo del brazo llega por primera vez a la categoria principal del fútbol inglés, la gran primera división, vitrina principal donde a pesar de ganarse con sobrado mérito su participación, eran vistos como simples invitados que pelearían en la parte baja de la tabla por no descender.
El primer curso en toda su historia que jugaba en la primera división comenzaba tal y como lo esperaban los apostadores, con dificultad. Un empate 0-0 en Bolton, la derrota contra el Burnley 4-3 como visitante  y un 2-4 contra el Manchester City en Portman Road presagiaban duros tiempos para el Ipswich, pero en la cuarta fecha, en el partido de vuelta contra el Burnley (la programación de la Liga era diferente a como se juega actualmente), un categórico 6 -2 los pone de vuelta por la senda de la victoria encadenando tres victorias más frente a West Bromwich Albion, Blackburn Rovers y Birmingham. Solo el Everton es capaz de frenar frenar la locomotora en Liverpool con un amplio 5-2.
Definitivamente durante la temporada el juego como visitante es la principal piedra en el camino de los ‘tractor boys’. Hasta finales de enero, justo en el meridiano de la competición, sufren cinco derrotas pero su fortaleza como local los mantienen cerca del grupo de líderes. A principios de marzo empieza la remontada y alcanzan un sorpresivo segundo lugar. Aquellos que no daban una libra por ellos o los que los veían como a un mendigo invitado a una fiesta de ricos, comienzan a preocuparse por su racha positiva. La sorpresa mayúscula se daría a finales de mes, después de su victoria frente al Wolverhampton Wanders en los últimos instantes del partido por 3-2, el Ipswich Town, debutante en primera división, equipo armado con los dientes por Alf Ramsey, conseguía el liderato del campeonato.
Pero aún quedaba la tarea más difícil, mantenerse en el primer puesto hasta el final de la temporada y así alcanzar la épica gesta. Antes de enfrentarse al Arsenal en el estadio de Highbury en su penúltima fecha, el Ipswich lideraba la tabla con 52 puntos, uno más que su inmediato perseguidor, casualmente el Burnley que les había propinado su primera derrota y también los había endulzado con su primera victoria, pero ‘the clarets’ tenía un partido menos entonces robarse el título de primera división en su primer año no dependía exclusivamente de ellos. Si el Burnley ganaba sus dos partidos restantes quedarían empatados en puntos y el gol diferencia jugaría a su favor otorgándoles el campeonato.
Debían ganar a toda costa como visitantes, revertir esa tendencia negativa que los atormentaba y lo lograron con un importante 3-0 sobre los ‘gunners’. Terminaron su calendario derrotando al Aston Villa como locales mientras esperaban noticias sobre el partido que disputaban Burnley y Chelsea. Finalmente el equipo perseguidor no pudo pasar del empate contra los londinenses y por primera vez en la historia, un equipo conseguía el título en su temporada de ascenso a primera división y se convertía, junto en el Preston North End (primer campeón de Liga), en campeón en su debut.   
Alf Ramsey después de la hazaña cerró sus maletas, un nuevo desafió se disponía en el horizonte de este excombatiente de la segunda guerra mundial, ahora el asalto sería por la Copa Mundo al frente de la selección inglesa. Casualmente conseguiría su objetivo cuatro años más tarde, venciendo a los mismos alemanes que décadas antes había enfrentado en trincheras.