Sir Bobby Moore fue un caballero de la corona inglesa que se ganó el derecho a esta distinción en un pequeño, comparado con los principales escenarios de batalla europeos, campo de césped. Sin lidiar con balas de acero pero si de cuero, como el balón que transportaba magistralmente en sus pies al vestir la camiseta de Inglaterra. Así como protagonizó grandes momentos en el terreno de juego, el aguerrido defensor inglés también participó en un curioso episodio previo a la Copa del Mundo de 1970 realizada en México.
Moore y las esmeraldas colombianas.
Sir Bobby Moore fue un caballero de la corona inglesa que se ganó el derecho a esta distinción en un pequeño, comparado con los principales escenarios de batalla europeos, campo de césped. Sin lidiar con balas de acero pero si de cuero, como el balón que transportaba magistralmente en sus pies al vestir la camiseta de Inglaterra. Así como protagonizó grandes momentos en el terreno de juego, el aguerrido defensor inglés también participó en un curioso episodio previo a la Copa del Mundo de 1970 realizada en México.
Una mañana feliz: Colombia 1 Alemania 1 en Italia 90

Había llegado mucho antes al estadio, la misión era mucho más difícil de lo que todos pensaban, el quería volar. Ya había hecho muchos kilómetros volando con la sola ilusión de ver a Colombia en un mundial 28 años después. Enfundado en su traje de cóndor de los andes y sostenido por una cuerda, animaría, in sitúo, a una selección que representaba un país que deliraba por el futbol y necesitaba una alegría para salir del letargo en el que lo tenía sumido la violencia generada por los carteles de la droga.
Ese hombre de estatura mediana, con el pelo teñido de rubio, amplia sonrisa y una ilusión que no le cabía en el pecho nos representaba a todos los que confiábamos en la mira telescópica que tenia atada en el pie el “pibe” Valderrama, la movilidad de la “Gambeta Estrada”, la solidez defensiva de Leonel Álvarez, los desbordes a la velocidad de la luz del “Chonto” Herrera por la banda, la seguridad de Gildardo Gómez por la otra, la potencia de Freddy Rincón, la pausa del “bendito” Fajardo, la entereza y elegancia de Andrés Escobar, la fuerza de Luis Carlos Perea, el carácter de “barrabas” Gómez y la locura de René Higuita.
Ese llamativo personaje que se hacia llamar “Cole” fue lo primero que vi cuando mi abuelo, un alemán emigrado a Colombia a finales de los treinta por cuenta de la persecución nazi encendió el televisor aquella mañana, era 19 de junio de 1990, Colombia jugaba contra el equipo más en forma del campeonato: Alemania.
La época de vacaciones del colegio me había permitido verme todos los partidos de aquel mundial Italia 90, un pequeño televisor Philips que me dejaba los dedos morados, cada vez que hundía un botón para cambiar de canal, había sido mi fiel compañero. Con él me había reído y emocionado aquel día en que en el estadio Renato Dall´ Ara de Bolonia Colombia había debutado contra un equipo desconocido para todos, Emiratos Árabes Unidos, los goles de Bernardo Redin y el “pibe” Valderrama fueron la causa de que la mayoría de las paredes de la casa ya estuvieran negras de los balonazos que les pegaba imaginándome que estaba dentro de esa cancha.
También con él, que hasta hace poco estuvo guardado en alguna caja con los trastos viejos, lloré de furia e impotencia cuando Jozic faltando 15 minutos para terminar el partido con Yugoeslavia marcó batiendo a un Higuita pletórico que incluso había atajado un penalti minutos antes.
Ahora teníamos en frente a los alemanes y, como la ocasión era especial, lo vería en casa del abuelo quien ese día había hecho un espacio dentro de su agitada vida de dueño de cafeterías para ver un partido en el cual se enfrentaban dos países que significaban mucho para él, uno su pasado, el otro su presente.
El reloj marcaba las 10 de la mañana cuando Rudi Voeller le paso el balón a Jurgen Klinsmann en el círculo central para dar inicio al partido del Guissepe Meazza en Milán, Colombia no se amilanó como muchos esperaban, a los 10 minutos Higuita ya había salido a cortar un centro fuera de su área y Voeller le había hecho falta, Leonel Álvarez ya se había “pecheado” con Lothar Matheus luego que este le hubiera metido una patadita por detrás después de una entrada con fuerza del colombiano además Estrada ya se había asomado al área de Bodo Illgner de donde lo habían sacado a patadas.
A la media hora de juego Colombia se había afianzado más en el campo, Valderrama, Fajardo y Rincón se atrevían a tocar en el medio, hacían pases largos buscando la letal gambeta de Estrada o su genial cabeza, hasta tres ocasiones seguidas habían tenido, los alemanes no encontraban el camino para hacerles daño, Beckenbauer , entrenador del “mannchaft”, lucía desesperado de pie en el banco de suplentes, si por el fuera se habría puesto los cortos y hubiera saltado al terreno de juego, aun todavía quedaba mucho por jugar pero se le estaba complicando la vida con un rival que en el papel , se suponía, seria fácil.
La primera parte terminó con los teutones sobresaltados, Augenthaler incluso tuvo que recurrir al juego sucio tomando de la camiseta y después pateando a Valderrama en tres cuartos de cancha, todas las alarmas saltaron, el “mono” no parecía levantarse, Colombia despejó el balón lejos en el tiro libre y aun así el arbitro, un norirlandés que no quería meterse mucho en problemas, dejó seguir el juego y no permitió ingresar a los asistentes médicos. Dos minutos mas tarde y después de las protestas de Diego Barragán, el preparador físico, con todo el cuerpo técnico, Leonel prefirió tomarse la justicia por su mano y levantó a Voeller por los cielos del estadio en la zona medular, ahí si pito, amarilla al colombiano y aun así tuvieron que señalarle que el 10 de nuestra selección seguía allí tirado donde se había realizado la acción anterior. Dejó entrar la camilla.
Mi abuelo, fiel al estilo germano, no decía una sola palabra, veía que la cosa se les estaba complicando, la tele mostraba a Mathaus protestándole al arbitro por solo dar 3 minutos de reposición después de que la jugada con Valderrama había durado más de cinco, mientras tanto yo saltaba por todo lado creyéndome ya que el milagro de pasar a segunda ronda del mundial era posible.
Para la parte complementaria, el “káiser” Beckenbauer movió el banco de suplente, Pierre Littbarski ingresó por Uwe Bein, Alemania jugaría con un atacante más, ahora eran tres, se sumaria a Voeller y Klinsmann, un enemigo mas para Higuita, pero el “loco” seguía allí, tranquilo, concentrado.
Colombia achicaba los espacios, no dejaba a los alemanes pasar de tres cuartos de cancha, solo podían intentar abrir las bandas, juego vertical, no horizontal. Un buen pase cruzado deja a Estrada casi mano a mano con Illgner, el buen portero teutón despeja el balón, era como un presagio de lo que iba a venir.
Los minutos se iban consumiendo con un equipo colombiano bien ordenado en la cancha, Thomas Hassler el mágico mediocampista alemán pierde los nervios, le tira un balón a la cara a Leonel Álvarez antes de un saque de banda, luego Berthold le comete a una infracción a Valderrama en el centro del campo, el arbitro le muestra la amarilla, Mathaus ya no hace sino vociferar, se siente impotente ante la encrucijada a donde Colombia ha llevado el partido.
El pánico me rondo cuando Reuter le metió un pase a Mathaus en el corazón de área, este le dio de globito y el balón dio suavemente en el horizontal y regresó al campo, Higuita asediado por Voeller desvió a la línea de fondo. El 10 alemán pateó el césped y maldijo al cielo su suerte.
Poco después Voeller se infiltró en la parte derecha de la defensa colombiana después de un saque de banda y sacó un disparo rasante fuera, el reloj ya marcaba el minuto 38, solo quedaban siete.
Tic tac, tic tac, el tiempo pasaba y la clasificación se acercaba cada vez más, era algo histórico, nuestra selección nunca había pasado de ronda, Higuita hacia jueguito con el pie cada que la pelota llegaba a su poder, 1, 2, 3 al frente de los delanteros rivales. Todo parecía bajo control pero como la naturaleza del colombiano es que nada puede llegar sin su dosis de sufrimiento, en el último minuto Voeller hizo agua la defensa, paso a Álvarez y a Perea para dejarle un pase servido a Pierre Littbaski quien con un tiro bien colocado venció a Higuita.
Estábamos fuera del mundial, no quería ni seguir mirando, mi abuelo seguía allí, impávido, no note ni siquiera un atisbo de emoción, seguía mirando el televisor atentamente.
Valderrama puso el balón en el círculo central casi sin quererlo, se la paso a Rincón y este se la devolvió casi sin mirarlo, el sueño se esfumaba. El tiempo se había agotado y el partido ingresaba en tiempo de adición, pero aun había algo adentro de los jugadores que les decía que esto no podía estar pasando, que no era justo, Estrada pateó un tiro libre mas al cuerpo de la barrera alemana, luego Rincón intentó llegar pero estaba en fuera de lugar, aprovecharían hasta el ultimo segundo que quedara de partido.
Iban ya dos minutos de adición cuando Voeller volvió a enfilar rápidamente por la banda hacia el marco de Higuita, “Chonto “ fue a marcarle, el balón rebotó sobre él y Álvarez lo recogió, pasó el esférico al “bendito” Fajardo, este avanzó unos metros y se la dio al “pibe” que ya pasaba de media cancha, el 10 se da la vuelta y la entrega a Rincón, este triangula con Fajardo que había adelantado más terreno, “bendito” (Fajardo) se la devuelve a Valderrama que ve como Freddy (Rincón) va como un cohete hacia el área alemana, lanza el pase.
Los segundo que pasaron mientras el centrocampista recibió el pase y se acercó a Illgner iban en cámara lenta, controló, luego con clase y tranquilidad soltó el gatillo de su pierna derecha para pasar ese balón entre las piernas del guardameta !Gol! Estamos clasificados!
Cuentan que la cuerda que ataba al cole en la tribuna fue soltada por los aficionados de la emoción por el empate, por escasos segundos se enfrentó a la muerte más dulce que se había podido imaginar pero alas de tela, las mismas que había cosido con los colores de nuestra bandera, le sostuvieron hasta que lo volvieron a subir.
Yo ya me había quedado ronco, mi abuelo suspiro con tranquilidad, se levantó de la silla, apagó el televisor y me miró, “para mi este ha sido el mejor marcador”, nunca sabré de que lado estuvo aquella mañana aunque yo creo que fue un poquito de los dos.
Colombia clasificó a segunda ronda del mundial y se enfrentaría a Camerún quien había dado la sorpresa venciendo a Argentina en la inauguración y ganando su grupo.
Pdata: Para los que quieran ver el partido completo esta fraccionado en 10 partes con comentarios en inglés (pero la imagen es muy buena y es lo que importa) Click aquí
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¿Qué significa CCCP?
Ahora estaba allí, comandando un equipo de once gladiadores nacidos bajo el variado clima tropical de un país que lo había acogido años antes y había mantenido la grandeza de su nombre como en el suyo propio. Era Adolfo Pedernera, director técnico de la Selección Colombia, el escenario era el Estadio Carlos Dittborn de Arica Chile y el rival del frente la indestructible maquina de fútbol comandada por Lev Yashin, la Unión Soviética.
Las cosas no iban bien después de un debut poco prometedor con derrota incluida frente a los ex – campeones uruguayos. Francisco “Cobo” Zuluaga, bastión de la defensa y autor del único gol (a esa altura del campeonato) en el 1-2 quedaba por fuera con tres de sus costillas fracturadas producto de un fuerte choque con un delantero “charrúa”. ¿Ahora que debía hacer? Enfrente tendría uno de los mejores equipos de Europa, la Unión Soviética comandada por Lev Yashin apodado la “araña negra”, el mejor portero del mundo, seguía en el calendario. El equipo europeo había derrotado a Yugoslavia 2-0 en su primer juego y el estelar portero había lucido sus galas frente a un, no menos brillante, Sekularac, delantero del Estrella Roja de Belgrado.
Las voces del futbol lo daban por descontado, Colombia sería víctima de una goleada y los de la camiseta roja con las siglas CCCP seguirían su victorioso trasegar por la copa. Hasta los 11 minutos del primer tiempo fue así. Dos goles de Ivanov y uno de Chislenko ponían un 3-0 categórico. Pedernera y sus muchachos sufrían los estragos de una afinada maquina soviética pero aun no se rendían. Diez minutos más tarde German “cuca” Aceros recibe un pase por la punta izquierda del área rival se voltea de cara al pórtico y con un globito baña a Yashin para poner el descuento, empezaba Colombia a presionar, las tribunas con 8.040 espectadores se empezaban a agitar, la “araña negra” tendría que tejer bien su red si no quería recibir más goles.
El “olímpico” Coll
Podelnik ya en el segundo tiempo parecía poner las cosas en orden de nuevo, 4-1 marcaba el tablero de madera del Dittborn cuando Marcos Coll puso el balón en el tiro de esquina. El disparo es débil y muy cerrado, da un bote cerca al defensa entrando en el arco.
- ¿Gol? - si gol- ni el mismo Coll lo creía mientras sus compañeros lo abrazaban, era el primer gol olímpico en la historia de los mundiales, hasta nuestros días el único de esta factura, solo faltaban dos goles para remontar el marcador.
En una excelente jugada el mismo Coll arranca desde el medio por la izquierda, combina con Marino Klinger que llega hasta la línea de fondo y pasa el balón a Hector “Zipa” Gonzales que centra al corazón del área donde Antonio Rada empalma de pierna izquierda para volver a vencer la resistencia de Yashin.
4-3, ya el estadio temblaba. ¿Pellízcame viejo, será verdad? Pedernera esbozaba una sonrisa cómplice, para él y sus jugadores no existía nada más en el mundo que la meta rival.
La hazaña se consuma
El mismo Rada a falta de 4 minutos para el final empieza una cabalgada por el centro del campo, con velocidad atraviesa la línea de centro poniendo un medido pase para Marino Klinger que enfila hacia el pórtico como una locomotora, elude al histórico portero que a esa altura ya era un manojo de nervios... 4-4, ¡increible! Nadie lo podía creer, el banco era una fiesta, todos se abrazaban. Ese 3 de Junio en 1962 Colombia logró lo que fuera por muchos años su único orgullo futbolístico. Fue el día en el cual los colombianos aprendimos a interpretar esas extrañas siglas comunistas que aparecían en sus camisetas CCCP: Con Colombia Casi Perdemos.
Di Stéfano: El Director del "Ballet Azul"
Había más de 5.000 aficionados en el aeropuerto El Dorado. Aquella mañana del jueves 11 de agosto de 1949, El Tiempo había titulado: “Hoy llega a Bogotá el delantero más rápido y veloz del continente”. Don Alfonso Senior, presidente de Millonarios, había viajado hasta Cali para darle la bienvenida a él y a su compañero y entrañable amigo Néstor “Pippo” Rossi, después de un largo vuelo que había hecho escala en Santiago de Chile, Lima y ahora en la capital del valle con destino a Bogotá. En Buenos Aires la salida de los jugadores no había sido muy agradable. Después de varios meses de plantarle cara a la AFA y a al club, defendiendo sus derechos como trabajadores, el presidente de River los había despedido con un “se pueden ir y si se quieren morir allí, se mueren allí”. Los directivos rioplatenses habían estipulado unos topes salariales para sus estrellas, ampliamente superados por las ofertas provenientes del norte del continente. Ante la negativa de renegociar sus contratos, Alfredo Di Stéfano y Nestor Rossi, habían decidido empacar maletas y volar rumbo a Bogotá para jugar en Millonarios donde ya se encontraba su ex compañero Adolfo Pedernera. Las amenazas de quedar por fuera de la tutela de la FIFA no los amedrentó. “No podíamos desperdiciar esa oportunidad, además de ser una nueva aventura en un fútbol que quería progresar, nunca había visto más dinero en mi vida”, cuenta en Alfredo en “Gracias Vieja”, el libro que recopila sus memorias como futbolista. En su primer partido con la camiseta azul de Millonarios, Di Stéfano responde a todas las expectativas. Aquel día más de 20.000 hinchas abarrotaron el estadio El Campín para ver su debut con dos goles en el partido frente al Barranquilla. El argentino demuestra ampliamente sus credenciales como goleador y comienza el romance con el exigente público capitalino. Ese mismo romance que no tardaría en convertirse en idolatría, cuando con un gol suyo el “ballet azul”, rótulo que le habían puesto los periodistas al Millonarios de la época, conseguía el primer titulo con un disparo suyo de larga distancia, que permitió la victoria 3 -2 frente a un enconado Deportivo Cali en el partido de desempate después de igualar a 44 puntos en la tabla general del campeonato. Su sociedad con Adolfo Pedernera y Néstor Raúl Rossi se afianzó, además Millonarios decidió contar con otro argentino en sus filas, el portero Julio Cozzi que llegaba para la temporada 1950, pero pese a funcionar como una maquina bien afinada, sorpresivamente, el equipo pierde el titulo por dos puntos frente al Deportes Caldas. En su tercera temporada continúo la cosecha de buenos resultados. Di Stéfano demostró todo su poderío goleador. Su velocidad y destreza, aparte de su fuerte remate con cualquiera de las dos piernas, fueron las armas letales que empleó para conseguir 31 goles que ratificaron a el equipo 'albiazul' como el mejor del país coronándose por segunda vez campeón. Llegaría 1952, año determinante en su carrera y para el prestigio del balompié colombiano en el mundo. El Club Deportivo Los Millonarios es invitado a las bodas de plata del Real Madrid, al cual ya había derrotado la temporada anterior en la pequeña Copa del Mundo de Caracas por marcador de 2-1. “Como nos ganaron, debieron pensar, a estos los invitamos al cincuentenario y les ganamos también, pero tuvieron la mala suerte de que los campeones del triangular fuimos nosotros”, cuenta en sus memorias refiriéndose al hecho. Millonarios haría un recorrido por Valencia, Las Palmas, Madrid y Sevilla. El único problema que tenía, el popular 9, era el viaje por aire. Desde su llegada a Colombia había desarrollado un temor casi fóbico a los aviones, y ahora debería aguantar los trayectos entre Bogotá – Panamá, Panamá – New York, New York – Madrid y además de nueve horas para llegar en autobús a Valencia. Su primer partido en España fue contra el Valencia, más de 50.000 personas se congregaron en el estadio para ver el partido, la cancha estaba húmeda y pese al cansancio, hizo un muy buen partido. Le cometieron un penalti que el arbitro no sancionó y finalmente el marcador fue de 0-0. Pocos días el rival de enfrente sería Las Palmas, campo en el cual el equipo colombiano cosechó su primera victoria en tierras ibéricas por un marcador de 3-2, Di Stéfano estuvo muy activo y marcó uno de los goles. Llega el esperado estreno en Madrid. Millonarios se enfrentaba en primera instancia al Norkoping de Suecia en el triangular en el cual el Real Madrid iniciaba las celebraciones. Al conocer ya sus capacidades dos hombres van a marcarle pero no pueden anular su genialidad, el juego termina 2-2 y se escuchan muy buenos comentarios sobre él en la prensa madrileña, inclusive empiezan a especular con su posible fichaje para el club blanco. El día en el que el Real Madrid, dirigido por el uruguayo Héctor Scarone, debutaba en el torneo había 70.000 personas en el estadio, al frente, un onceno suramericano liderado por un rubio de ojos claros vistiendo camisas azules. El temporal había arreciado y el campo estaba en muy malas condiciones, llovió durante todo el partido pero eso no pudo impedir que “la saeta” sacará sus mejores galas a relucir y marcará dos soberbios golazos para hacer posible una de las victorias más grandes de las que se tenga noticia de un equipo colombiano. 4-2 fue el marcador y a la postre Millonarios se quedaría con el titulo del triangular, pese a que en su siguiente partido, el Real Madrid venciera al equipo sueco. La gira terminó en Sevilla donde empataron 1-1, Alfredo marcó el único gol y Rossi desperdició una pena máxima que hubiera significado la tercera victoria en tierras europeas. El equipo 'embajador' como se le empezó a conocer en aquel momento, culmina su paso por España invicto y dejando una excelente impresión. A mediados de ese mismo año Real Madrid motivado por el buen juego del equipo colombiano lo visita en Bogotá con 50.000 espectadores en las gradas de El Campin que presencian una nueva victoria de la banda de Di Stéfano. El equipo español se adelanta por medio de Olsen, Alfredo, en una jugada llena de elegancia y habilidad, sorteando la defensa contraria, empata el marcador, luego Adolfo Pedernera pone el 2-1. Como conclusión de la visita del equipo español, dos días después se jugaría la revancha. Esta vez un gol de Ernesto Baéz inflige la tercera derrota del cuadro merengue a expensas, del catalogado en ese momento “mejor equipo del mundo”. Todo no pararía allí, faltaría un último partido por la pequeña Copa del Mundo en Caracas que se saldaría con un empate a uno. Santiago Bernabeu, presidente madridista quería su fichaje a toda costa, más adelante tendría a su archirrival deportivo, el Barcelona, disputándole el privilegio. Después de ser goleador de la temporada y su ilustre presentación por las canchas europeas Alfredo Di Stefano se fue. Millonarios debía disputar un torneo en Chile y “la saeta”, igual de ligero como era en las canchas, marchó a su país para no regresar. La situación en Colombia había cambiado, cada vez iba menos gente a los estadios y se dificultaba cobrar hasta el salario. Alfonso Senior fue a buscarlo a Buenos Aires pero nada lo pudo hacer cambiar de decisión, el jugador más grande que ha pisado las canchas colombianas buscaría un nuevo destino que lo encumbraría aun más en el Olimpo del fútbol. Había más de 5.000 aficionados en el aeropuerto El Dorado. Aquella mañana del jueves 11 de agosto de 1949, El Tiempo había titulado: “Hoy llega a Bogotá el delantero más rápido y veloz del continente”. Don Alfonso Senior, presidente de Millonarios, había viajado hasta Cali para darle la bienvenida a él y a su compañero y entrañable amigo Néstor “Pippo” Rossi, después de un largo vuelo que había hecho escala en Santiago de Chile, Lima y ahora en la capital del valle con destino a Bogotá. En Buenos Aires la salida de los jugadores no había sido muy agradable. Después de varios meses de plantarle cara a la AFA y a al club, defendiendo sus derechos como trabajadores, el presidente de River los había despedido con un “se pueden ir y si se quieren morir allí, se mueren allí”. Los directivos rioplatenses habían estipulado unos topes salariales para sus estrellas, ampliamente superados por las ofertas provenientes del norte del continente. Ante la negativa de renegociar sus contratos, Alfredo Di Stéfano y Nestor Rossi, habían decidido empacar maletas y volar rumbo a Bogotá para jugar en Millonarios donde ya se encontraba su ex compañero Adolfo Pedernera. Las amenazas de quedar por fuera de la tutela de la FIFA no los amedrentó. “No podíamos desperdiciar esa oportunidad, además de ser una nueva aventura en un fútbol que quería progresar, nunca había visto más dinero en mi vida”, cuenta en Alfredo en “Gracias Vieja”, el libro que recopila sus memorias como futbolista. En su primer partido con la camiseta azul de Millonarios, Di Stéfano responde a todas las expectativas. Aquel día más de 20.000 hinchas abarrotaron el estadio El Campín para ver su debut con dos goles en el partido frente al Barranquilla. El argentino demuestra ampliamente sus credenciales como goleador y comienza el romance con el exigente público capitalino. Ese mismo romance que no tardaría en convertirse en idolatría, cuando con un gol suyo el “ballet azul”, rótulo que le habían puesto los periodistas al Millonarios de la época, conseguía el primer titulo con un disparo suyo de larga distancia, que permitió la victoria 3 -2 frente a un enconado Deportivo Cali en el partido de desempate después de igualar a 44 puntos en la tabla general del campeonato. Su sociedad con Adolfo Pedernera y Néstor Raúl Rossi se afianzó, además Millonarios decidió contar con otro argentino en sus filas, el portero Julio Cozzi que llegaba para la temporada 1950, pero pese a funcionar como una maquina bien afinada, sorpresivamente, el equipo pierde el titulo por dos puntos frente al Deportes Caldas. En su tercera temporada continúo la cosecha de buenos resultados. Di Stéfano demostró todo su poderío goleador. Su velocidad y destreza, aparte de su fuerte remate con cualquiera de las dos piernas, fueron las armas letales que empleó para conseguir 31 goles que ratificaron a el equipo 'albiazul' como el mejor del país coronándose por segunda vez campeón. Llegaría 1952, año determinante en su carrera y para el prestigio del balompié colombiano en el mundo. El Club Deportivo Los Millonarios es invitado a las bodas de plata del Real Madrid, al cual ya había derrotado la temporada anterior en la pequeña Copa del Mundo de Caracas por marcador de 2-1. “Como nos ganaron, debieron pensar, a estos los invitamos al cincuentenario y les ganamos también, pero tuvieron la mala suerte de que los campeones del triangular fuimos nosotros”, cuenta en sus memorias refiriéndose al hecho. Millonarios haría un recorrido por Valencia, Las Palmas, Madrid y Sevilla. El único problema que tenía, el popular 9, era el viaje por aire. Desde su llegada a Colombia había desarrollado un temor casi fóbico a los aviones, y ahora debería aguantar los trayectos entre Bogotá – Panamá, Panamá – New York, New York – Madrid y además de nueve horas para llegar en autobús a Valencia. Su primer partido en España fue contra el Valencia, más de 50.000 personas se congregaron en el estadio para ver el partido, la cancha estaba húmeda y pese al cansancio, hizo un muy buen partido. Le cometieron un penalti que el arbitro no sancionó y finalmente el marcador fue de 0-0. Pocos días el rival de enfrente sería Las Palmas, campo en el cual el equipo colombiano cosechó su primera victoria en tierras ibéricas por un marcador de 3-2, Di Stéfano estuvo muy activo y marcó uno de los goles. Llega el esperado estreno en Madrid. Millonarios se enfrentaba en primera instancia al Norkoping de Suecia en el triangular en el cual el Real Madrid iniciaba las celebraciones. Al conocer ya sus capacidades dos hombres van a marcarle pero no pueden anular su genialidad, el juego termina 2-2 y se escuchan muy buenos comentarios sobre él en la prensa madrileña, inclusive empiezan a especular con su posible fichaje para el club blanco. El día en el que el Real Madrid, dirigido por el uruguayo Héctor Scarone, debutaba en el torneo había 70.000 personas en el estadio, al frente, un onceno suramericano liderado por un rubio de ojos claros vistiendo camisas azules. El temporal había arreciado y el campo estaba en muy malas condiciones, llovió durante todo el partido pero eso no pudo impedir que “la saeta” sacará sus mejores galas a relucir y marcará dos soberbios golazos para hacer posible una de las victorias más grandes de las que se tenga noticia de un equipo colombiano. 4-2 fue el marcador y a la postre Millonarios se quedaría con el titulo del triangular, pese a que en su siguiente partido, el Real Madrid venciera al equipo sueco. La gira terminó en Sevilla donde empataron 1-1, Alfredo marcó el único gol y Rossi desperdició una pena máxima que hubiera significado la tercera victoria en tierras europeas. El equipo 'embajador' como se le empezó a conocer en aquel momento, culmina su paso por España invicto y dejando una excelente impresión. A mediados de ese mismo año Real Madrid motivado por el buen juego del equipo colombiano lo visita en Bogotá con 50.000 espectadores en las gradas de El Campin que presencian una nueva victoria de la banda de Di Stéfano. El equipo español se adelanta por medio de Olsen, Alfredo, en una jugada llena de elegancia y habilidad, sorteando la defensa contraria, empata el marcador, luego Adolfo Pedernera pone el 2-1. Como conclusión de la visita del equipo español, dos días después se jugaría la revancha. Esta vez un gol de Ernesto Baéz inflige la tercera derrota del cuadro merengue a expensas, del catalogado en ese momento “mejor equipo del mundo”. Todo no pararía allí, faltaría un último partido por la pequeña Copa del Mundo en Caracas que se saldaría con un empate a uno. Santiago Bernabeu, presidente madridista quería su fichaje a toda costa, más adelante tendría a su archirrival deportivo, el Barcelona, disputándole el privilegio. Después de ser goleador de la temporada y su ilustre presentación por las canchas europeas Alfredo Di Stefano se fue. Millonarios debía disputar un torneo en Chile y “la saeta”, igual de ligero como era en las canchas, marchó a su país para no regresar. La situación en Colombia había cambiado, cada vez iba menos gente a los estadios y se dificultaba cobrar hasta el salario. Alfonso Senior fue a buscarlo a Buenos Aires pero nada lo pudo hacer cambiar de decisión, el jugador más grande que ha pisado las canchas colombianas buscaría un nuevo destino que lo encumbraría aun más en el Olimpo del fútbol.

