Ahora estaba allí, comandando un equipo de once gladiadores nacidos bajo el variado clima tropical de un país que lo había acogido años antes y había mantenido la grandeza de su nombre como en el suyo propio. Era Adolfo Pedernera, director técnico de la Selección Colombia, el escenario era el Estadio Carlos Dittborn de Arica Chile y el rival del frente la indestructible maquina de fútbol comandada por Lev Yashin, la Unión Soviética.
La pérdida de un caudillo
Las cosas no iban bien después de un debut poco prometedor con derrota incluida frente a los ex – campeones uruguayos. Francisco “Cobo” Zuluaga, bastión de la defensa y autor del único gol (a esa altura del campeonato) en el 1-2 quedaba por fuera con tres de sus costillas fracturadas producto de un fuerte choque con un delantero “charrúa”. ¿Ahora que debía hacer? Enfrente tendría uno de los mejores equipos de Europa, la Unión Soviética comandada por Lev Yashin apodado la “araña negra”, el mejor portero del mundo, seguía en el calendario. El equipo europeo había derrotado a Yugoslavia 2-0 en su primer juego y el estelar portero había lucido sus galas frente a un, no menos brillante, Sekularac, delantero del Estrella Roja de Belgrado.
Esto no es como empieza sino como termina
Las voces del futbol lo daban por descontado, Colombia sería víctima de una goleada y los de la camiseta roja con las siglas CCCP seguirían su victorioso trasegar por la copa. Hasta los 11 minutos del primer tiempo fue así. Dos goles de Ivanov y uno de Chislenko ponían un 3-0 categórico. Pedernera y sus muchachos sufrían los estragos de una afinada maquina soviética pero aun no se rendían. Diez minutos más tarde German “cuca” Aceros recibe un pase por la punta izquierda del área rival se voltea de cara al pórtico y con un globito baña a Yashin para poner el descuento, empezaba Colombia a presionar, las tribunas con 8.040 espectadores se empezaban a agitar, la “araña negra” tendría que tejer bien su red si no quería recibir más goles.
El “olímpico” Coll
Podelnik ya en el segundo tiempo parecía poner las cosas en orden de nuevo, 4-1 marcaba el tablero de madera del Dittborn cuando Marcos Coll puso el balón en el tiro de esquina. El disparo es débil y muy cerrado, da un bote cerca al defensa entrando en el arco.
- ¿Gol? - si gol- ni el mismo Coll lo creía mientras sus compañeros lo abrazaban, era el primer gol olímpico en la historia de los mundiales, hasta nuestros días el único de esta factura, solo faltaban dos goles para remontar el marcador.
En una excelente jugada el mismo Coll arranca desde el medio por la izquierda, combina con Marino Klinger que llega hasta la línea de fondo y pasa el balón a Hector “Zipa” Gonzales que centra al corazón del área donde Antonio Rada empalma de pierna izquierda para volver a vencer la resistencia de Yashin.
4-3, ya el estadio temblaba. ¿Pellízcame viejo, será verdad? Pedernera esbozaba una sonrisa cómplice, para él y sus jugadores no existía nada más en el mundo que la meta rival.
La hazaña se consuma
El mismo Rada a falta de 4 minutos para el final empieza una cabalgada por el centro del campo, con velocidad atraviesa la línea de centro poniendo un medido pase para Marino Klinger que enfila hacia el pórtico como una locomotora, elude al histórico portero que a esa altura ya era un manojo de nervios... 4-4, ¡increible! Nadie lo podía creer, el banco era una fiesta, todos se abrazaban. Ese 3 de Junio en 1962 Colombia logró lo que fuera por muchos años su único orgullo futbolístico. Fue el día en el cual los colombianos aprendimos a interpretar esas extrañas siglas comunistas que aparecían en sus camisetas CCCP: Con Colombia Casi Perdemos.