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Escopeta se dice Puskás


Por ahí dicen que “hijo de tigre sale pintado” y en muchas ocasiones no se equivocan, este fue el caso de uno de los grandes de la historia del fútbol mundial: Ferenc Puskás.

El pequeño Ferenc empezó su romance con el balón a una temprana edad. Su padre, un conocido jugador del norte de Hungría, le vinculó en el club Kispest donde corría como loco detrás de cada pelota que traspasaba la línea lateral con tan solo 10 años, era el recoge bolas más eficiente del conjunto que después, luego de su debut seis años más tarde bajo el comando de su mismo padre, cambiaría su nombre a Honved, con el que sería conocido en todo el mundo.

El equipo ahora se había convertido en el estandarte del ejército húngaro. La cortina de hierro cerraba su cerco y dejaba al pequeño país europeo encerrado en su doctrina y militancia de carácter comunista.

El deporte, siempre tan importante en esta maquinaria ideológica, contó con un inmejorable aliado que pese a no estar conforme, dibujaba con gambetas, pases y buenos disparos, lo mejor de la juventud magiar de la época. De la mano del joven Ferenc la selección nacional fue campeona olímpica en 1952, humilló a Inglaterra en Wembley venciéndola 6-3, además de integrar el plantel más exitoso de la historia siendo “campeones morales” de la Copa Mundo del 54 después de una inesperada derrota frente a Alemania.

A su talento se sumaban una generación de jugadores como Kocsis, Bozsik, Czibor o Hidegkuti, conformando un equipo que sería distinguido con el sobrenombre de “los magiares mágicos”.

En 1956 la Unión Soviética invadiría Hungría y este hecho histórico hallaría a Puskas en Viena, de camino a Bilbao, para un amistoso con el Honved donde con algunos de sus compañeros decide desertar. Su apellido pasa de ser Purczfeld a Puskás que en su idioma natal significa escopeta, descripción perfecta para su potente remate de pierna izquierda.

Al marcharse dejó atrás un balance con su club de 349 partidos y 358 goles, más de un gol por partido, además de otras 84 anotaciones en 85 presencias con la elástica húngara. La FIFA decide sancionarlo 2 años sin jugar.

Con 31 años y algunos kilos de más, después de ser juzgado por “traición a la patria” en el mismo país donde su nombre era sinónimo de gloria deportivo, Puskás decidió fichar por el Real Madrid.

Vestido de blanco conseguiría las cotas más altas de su carrera y haría aún más glorioso el nombre que el régimen intentó mancillar. Consiguió 5 ligas, 1 Copa de España, 1 Copa Intercontinental, fue cuatro veces máximo goleador del campeonato de liga y levantó 3 Copas de Europa.

A los 38 años, en 1966, decidió colgar los guayos dejando una estela de difícil de seguir para un jugador de su país al cual regreso en 1992 después de la caída del comunismo para desempeñar funciones técnicas en la selección.

Como entrenador cumplió un papel menos glorioso que como jugador, pasando por equipos como Panathinaikos en Grecia con el cual alcanzó la final de la Copa de Europa en 1971, Real Murcia en España y breves escalas en Chile y Paraguay.

En 1995 la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol lo declaró como el máximo goleador del siglo XX, al sumar en su carrera 528 partidos y 512 goles.

Tanta gloria fue borrada de un plumazo de su mente por una mezquina enfermedad, el Alzheimer,  que acompañada de una arterioesclerosis cerebral fueron las causas por las cuales pasó los últimos seis años de su vida recluido en la clínica Kutvolgyi en Budapest que abandonaba ocasionalmente para algún homenaje.

Murió un 17 de noviembre de 2006 después de recibir en vida una de las expresiones de cariño más sentidas del pueblo húngaro. En su honor el Estadio Nacional pasaría a llamarse Ferenc Puskás, un justo premio para uno de los más exquisitos jugadores de la historia.

La primera Copa fue la Jules Rimet, asi nació el Mundial



A finales de junio en 1930 el barco Conde Verde llevaba un pasajero muy especial, su nombre era Jules Rimet. Era abogado pero su pasión, al margen de las leyes, era una caprichosa e impredecible pelota de fútbol. El mar lo separaba de una cita con el destino. Pronto Uruguay sería el escenario de lo que para él sería cumplir el sueño de su vida. Después de muchas horas de trabajo, preparación, persistencia y coraje, había logrado la idea que algunos años atrás se había dibujado en su mente: el primer Mundial de fútbol. 

La gran idea

Mientras zarpaba de Villefranche-Sur-Mer en Francia hacia Montevideo, Rimet rememoraba cada una de las luchas personales que había tenido que llevar a cabo para conseguir organizar el torneo que desde el primer silbato arbitral se convertiría en el más importante del deporte mundial.

En 1920 había llegado a ocupar un despacho en las oficinas de la FIFA, su experiencia era innegable después de llevar una vida consagrada al fútbol. Con 24 años y en compañía de sus amigos, fundaba el club Red Star (el cual aún existe), años más tarde se embarcó en un proyecto que marcó la historia del deporte en su país: la creación de la Liga nacional de la cual fue nombrado presidente y luego ni siquiera el triste hedor de la guerra pudo disuadirle de crear una Federación Francesa de Fútbol. Era una persona experimentada en el ámbito dirigencial cuando fue llamado provisionalmente para ser el presidente de la FIFA. En aquella oficina, la cual un año más tarde pasaría a ser suya en propiedad, se empezaría a gestar la idea de un torneo que reuniera los seleccionados nacionales más fuertes de todo el mundo.

El fútbol olímpico promulgaba los valores del amateurismo y a pesar de ser una loable idea frenaba el creciente desarrollo del juego. Ya en los juegos de Amberes (el mismo año de su llegada a la FIFA), Rimet había dejado ver un poco de su iniciativa de crear un torneo independiente realizado por el máximo organismo asociado en la materia pero no sería sino hasta 1926 cuando el comité ejecutivo se tomaría en serio sus palabras. Se nombra una comisión especial para evaluar todo lo concerniente con aquella ‘alocada’ iniciativa, pues los Juegos Olímpicos gozaban de un inmejorable prestigio mundial y sería muy difícil competir en contra de ellos creando un torneo propio.

La convicción del abogado era total, nada ni nadie lo vencería, incluso ya había tenido una serie de charlas con Enrique Buero, embajador de Uruguay en Francia, para postular al país americano como sede del primer certamen. Jules Rimet creía firmemente que se habían ganado el derecho después de conseguir la medalla de oro en 1924 y desplegar uno de los mejores juegos de la época.

Ya en 1928, en el congreso de Amsterdam, la FIFA acordó con una votación de 25 a favor y 5 en contra organizar un campeonato con las principales selecciones a nivel mundial cada cuatro años. En el congreso de Barcelona, un año más tarde, se decidiría conceder a Uruguay, que había revalidado su título olímpico, la sede del que sería el primer campeonato mundial de la historia.

Además coincidía con la celebración del centenario de su independencia, el gobierno del pequeño país americano prometió construir un estadio especialmente para el torneo y también financiar todos los gastos de las delegaciones que se desplazaran hasta allí. Incluía pasajes, alojamientos y 75 dólares por persona, también medio dólar diario para gastos menores.

Se pone en juego la pelota

El torneo estaba diseñado para 16 equipos pero los problemas empezaron a suceder. Las Islas Británicas negaron su participación al no tener muy claros sus propios parámetros entre profesionalismo y amateurismo. También la crisis económica que se propagaba sobre el mundo empezó a pasar factura. Además de la lejanía, el desgastante viaje hasta Uruguay desanimaba a muchos equipos. Rimet desempolvó un viejo libro de Verne y se puso el traje de Phileas Fogg viajando por Europa intentando conseguir apoyo.
Cuatro selecciones hicieron caso a su llamado, Francia, Bélgica y Rumania viajaba con él en aquel barco, Yugoeslavia llegaría por su cuenta. Estaba todo listo serían trece participantes.

Jules Rimet disfrutaba del viaje en compañía de su hija. En su equipaje había una pequeña maleta de cuero y en ella una estatuilla de 1800 gramos de oro macizo, obra del escultor Abel Lafleur, evocando la diosa victoria, quién esperaba que Rimet la entregara a su primer enamorado. Sería José Nasazzi, capitán de Uruguay, el elegido después de un emocionante partido en el cual los ‘charrúas’ habían vencido a Argentina 4-2 con un impresiónate estadio Centenario como marco principal.

De su mano, la diosa victoria seguiría llegando al altar cada Copa del Mundo hasta 1954 (desde 1946 había tomado su propio nombre, Copa Jules Rimet) cuando su salud le apartó de su mejor amiga. Fue en 1970 cuando Brasil se quedó con ella en propiedad hasta 1983 cuando unos ladrones la robarían y nunca más volvería a aparecer. En la actualidad una réplica exacta descansa en las vitrinas de la CBF.


El gol fantasma de Geoff Hurst en el 66


Uno de los que le acompañaban en la mesa tapó el micrófono ¿estas seguro que quieres decir esto? Preguntó con una muestra de nervios, a lo cual Geoff Hurst aseguró que si, lo que acababa de hacer el héroe de aquella final del mundial 66, el único jugador en la historia en anotar un Hat trick en el último partido de una Copa Mundo, era acabar con una de las incógnitas más grandes del la historia del futbol, su segundo gol, tercero de Inglaterra aquella tarde no había traspasado la línea.

Después de ser preguntado por enésima vez en su vida por aquel gol dudoso, después de 44 años el ex delantero del West Ham United y de la selección inglesa dijo: "The ball never crossed the line” (el balón nunca cruzó la línea. Era un peso que sus hombros no podían mantener por más tiempo.

Hurst había empezado aquel campeonato en el banquillo pero la lesión de Greaves en el tercer partido de la fase de grupos frente a Francia le había abierto un espacio en el once titular para enfrentar a Argentina en Wembley por los cuartos de final, el joven jugador capitalizó su presencia y en un juego, tampoco exento de polémica, anotó el único tanto del vertiginoso encuentro. Wilson combinó con Peters por la banda derecha, este lanzó un centro cruzado que lo encontró muy bien situado para cabecear al ángulo donde el portero Roma no pudo llegar.

Así nada más debut y gol, parecía bendecido por Dios, jugaría también la semifinal frente a Portugal, Inglaterra ganaba el partido 1-0 pero Eusebio y su combo se acercaban cada vez más a los predios de Gordon Banks, la cosa no pintaba muy bien cuando él, a once minutos del final, se llevó un balón por la banda, superó con fuerza la entrada de Carlos, llegó a línea de fondo y sacó la mirilla para encontrar en un centro atrás la afinada pierna derecha de Bobby Charlton, 2-0 y tranquilidad absoluta, la final estaba a la vuelta de la esquina, la gran duda era si podría disputarla al estar Jimmy Greaves recuperado.

Alf Ramsey entrenador de Inglaterra tenía que tomar una dura decisión, pero las buenas presentaciones de George lo hicieron decantarse por él para titular y puso en la cuerda floja a otro de los atacantes, Roger Hunt, quien finalmente le ganó a Greaves el pulso por la titularidad debido a su continuidad a lo largo del campeonato. Después de todo iba a jugar la final, se lo había ganado.

Era el partido del siglo en Inglaterra, por primera vez los inventores del Foot-ball llegaban a la final del torneo más importante y su rival, la Alemania de Helmut Shoen, tenía algunos problemas, no llegaba del todo bien a este partido. El primero era su portero, Hans Tilkowski quien estaba lastimado en un hombre y no podía llegar con propiedad a los balones por alto, el otro era en la delantera, Lothar Emmerich era el indiscutible goleador de la Bundesliga además había metido un importante gol frente a Suiza pero ahora lucia agotado y falto de audacia.

Pronto el entrenador bávaro tuvo que resignarse y convivir con las adversidades para el partido, Sepp Maier arquero suplente se lesionó y si sacaba a Emmerich y Alemania perdía, sin dudarlo un momento el país entero pediría su cabeza.

El gran favorito el día de la final era Inglaterra, además de jugar frente a su público los británicos también contaban con un record, durante 65 años la selección de los tres leones nunca había perdido frente a Alemania, esta vez en el partido más importante de su historia no dejarían por nada del mundo que esto pasara.

Sin embargo los primeros minutos fueron totalmente para el visitante, a los trece minutos de partido Wilson rechazó de cabeza un centro de Held desde la izquierda con tan mala fortuna que el balón cayo a los pies de Haller quien con agilidad se busco un recoveco de donde patear y vencer a Banks por bajo, 1-0 y banderas germanas ondeando en Wembley.

Los nervios no cundieron en las filas británicas, pese al balde de agua fría siguieron tranquilamente desplegando el futbol que los había llevado a la final, seis minutos después Overath hizo una falta al eterno capitán Bobby Moore, este en un acto completo de pillaje y astucia futbolística sacó un rápido y largo centro al corazón de área donde, quien si no, Geoff Hurst cabeceaba y anotaba el empate, Tilkowski protestó a sus compañeros, les habían ganado la espalda y el sacrificado había sido el, además su hombro no se encontraba bien después de un choque en los primeros minutos con el protagonista de esta historia.

El marcador de nuevo estaba igualado, todo estaba de nuevo en su sitio, pero el partido se empezó a tornar frenético, los dos equipos practicaban un futbol completamente abierto, los ires y venires agitaban a la gente en las tribunas y destrozaban los nervios de los entrenadores en los banquillos.

Otro cabezazo de Hurst puso de manifiesto la incomodidad del portero alemán, Tilkowski solo pudo palmear y Ball remató a puerta vacía por fuera. En otra jugada fueron los teutones quienes tuvieron también posibilidad de alcanzar la ventaja pero Banks sacó un doble remate de Emmerich. Las oportunidades se sucedían en los dos marcos hasta que el arbitro Dienst dio por terminada la primera parte.

La segunda parte inicio bajo una intensa lluvia y con menos ímpetu que la primera, un letargo se apoderó de los 22 jugadores, mucho control de balón y mucho estudio del rival, los contrincantes estaban empezando a temerse, ninguno de los dos quería perder.

Fue faltando doce minutos para el final cuando los ingleses rompieron el encanto, Ball forzó un tiro de esquina, el mismo lo cobro, Hurst remató fuerte pero el balón fue rechazado, se elevo, cuando bajo fue Peters quien con un remate lo envió a las mallas de Tilkowski, 2-1, Inglaterra se ponía por delante.

Los equipos alemanes se caracterizan por nunca dar un partido por perdido, pues este de 1966 no era la excepción, cuando ya todo el mundo pensaba que estaba todo dicho, en el último minuto Weber aprovecho un rebote en el área inglesa después de un centro de Emmerich y batio a Banks, 2-2, abría tiempo extra.

Los jugadores se derrumbaron en el césped de Wembley, el esfuerzo había sido muy grande, pero allí jugo un importante papel el mítico Alf Ramsey, ingresó al campo de juego para arengar a sus exhaustos jugadores, “ustedes ya ganaron el mundial una vez, ahora gánenlo otra” refiriéndose al empate tardío alemán, “además mírenlos, están acabados” prosiguió.

El primero en demostrar su alta moral fue Allan Ball, sus constantes internadas por la banda empezaron a sacarle el poco oxigeno que le quedaba al equipo alemán, fue en una de ellas cuando dejó atrás a Schnellinger y centró sobre la marcha encontrando a Geoff Hurst quien remató furiosamente de pierna derecha, el balón reventó en la parte inferior del larguero y rebotó en el césped, Roger Hunt de quien sabemos había sido duda hasta el último momento, levantó los brazos, ¿gol? Tilkowsky negaba con sus manos, un remolino de jugadores rodeó al arbitro Dienst de Suiza, él no lo sabía, se dirigió a la banda para consultar con su asistente, el ruso Bakharamov quien dio por válido el gol, 3-2.

Alemania se lanzó al ataque y dejó su portería al descubierto, Bobby Moore se aprovecho de ello y encontró arriba de nuevo a Hurst quien solo frente a Tilkowski apostilló el 4-2 y anotó su tercer gol de la tarde, la gente se precipitó al campo de juego e Inglaterra ganó su único mundial hasta ahora. George Hurst era un héroe.

Pero como a la mayoría de los héroes, lo rondaba un fantasma el cual se quitó el 31 de marzo de 2010 admitiendo que aquel disparo nunca traspasó la línea de gol, “Tengo una gran deuda con Tofic Bakhramov, si estuviera aquí le estrecharía la mano , gracias a él tengo un hat trick en una final de la Copa del Mundo y un lugar en la historia, el valor de aceptar esto tantos años después lo hacen más héroe aún.

Una araña bajo los tres palos


Es recordado como el mejor portero que alguna vez pisó algún campo de fútbol. Lev Ivanovich Yashin es aún el único defensor de la red que ostenta el Balón de Oro, galardón máximo otorgado un jugador a nivel mundial.

Reconocido por su sorprendente habilidad y su vestimenta negra de pies a cabeza por la cual derivó su conocido apodo, Lev Ivanovich Yashin sólo militó en un club. El Dínamo de Moscú disfrutó 22 años de sus sorprendentes atajadas y atajó en tres mundiales para la extinta Unión Soviética.

Antes ya había defendido bajo los tres palos pero, en vez de botas de fútbol, utilizaba patines con una larga y afilada hoja  de acero que lo mantenían de pie en el hielo. El hockey era una de sus pasiones la cual alternaba con su oficio de mecánico en una fábrica de aviones durante la complicada época de la guerra.

En 1949 el fútbol lo llamó y el joven, de veinte años, optó solo por un cambio de costumbres. Ahora apoyaría sus pies en un rectángulo de césped y las dimensiones de su portería aumentarían ostensiblemente. Sus 1,89 de estatura defenderían una cabaña de 7.39 X 2.44 metros. Sería el portero titular de uno de los clubes más populares de la Unión Soviética: el Dínamo de Moscú.

El club había ganado cinco veces la liga. La última el año de su llegada y una vez la Copa de la URSS. Su debut fue en 1950 para un amistoso. Presa del nerviosismo,Yashin recibió un gol un poco atípico marcado por el portero del equipo contrario.

Sería hasta 1953 que el espigado joven moscovita empezó a destacar con sus acrobáticas paradas y su irreverencia enfrentando delanteros en todos los campos del país, esto le valió para ser convocado a defender los colores nacionales el año siguiente, un paso muy importante conociendo el contexto político vivido en la Unión Soviética en aquel tiempo.

Pronto los éxitos comenzarían a llegar. En 1954 gana su primera liga con el Dinamo y dos años más tarde, en Melbourne, la selección gana su primer oro olímpico en Suecia. En el campeonato mundial del 1958 es uno de los espectadores de lujo del debut de un pequeño chico de tan solo 17 años que marcaría a fuerza de goles el fútbol mundial: Pelé debutaba con la casaca ‘canarinha’ venciendo al equipo de Yashin por 2 – 0 y dejándolos fuera del torneo.

Disputa dos mundiales más. En 1962 son eliminados en cuartos de final y en 1966 obtienen un meritorio cuarto puesto al ser eliminados por la Alemania de Franz Beckenbauer en semifinales y  pierden el tercer puesto contra Portugal. El partido es recordado por el enfrentamiento entre la ‘pantera negra’ (Eusebio) y la ‘araña negra’ (Yashin).

La cumbre de su carrera ocurrió en 1960 cuando una selección soviética, comandada por él, ganó la Eurocopa venciendo 2-0 a Yugoslavia en la final celebrada en el Parque de los Príncipes de Paris. Después, en 1963, fue galardonado con el balón de oro y hasta nuestros días es el único guardameta en recibir tal distinción.

Se retiró en 1971 a los 41 años con el récord de ser el jugador que más partidos disputó en la liga local con un total de 326 partidos. En 270 ocasiones dejó la portería a cero y atajó alrededor de 150 penaltis. Con su selección disputó 78 encuentros y concedió tan sólo 70 goles. En su palmarés cuenta con cinco Ligas soviéticas con el Dínamo 1954–1955–1957–1959 y 1963, en 3 ocasiones fue campeón de la Copa Soviética 1953–1967–1970, 1 medalla de oro olímpica en 1956, campeón de la Eurocopa en 1960, subcampeón en 1964 y el Balón de Oro en 1963.

En 1994 la FIFA, a modo de homenaje, creó el Trofeo Lev Yashin, entregado al mejor portero de cada campeonato mundial. En 1999 fue declarado el deportista ruso del siglo XX, había fallecido nueve años antes víctima de un cáncer de estomago. Siempre será recordado como un símbolo de este deporte y un ganador nato.